
Preferiría el día de hoy estar alegre y no hablar en serio, como siempre lo hago. Preferiría salir, caminar, e invitar al mundo entero a visitarme, a la ciudad tranquila, a la ciudad bella, la del excelente clima, aunque nos quejemos a veces de los 32º máximos a los que hemos llegado. A la ciudad que ostenta en su centro histórico actos de valor y heroísmo, no de cobardía.
Incluso en lo más profundo de mi egoísmo, seguir viendo las cosas de lejos, como si nunca me fueran a pasar, como de ficción, distantes.
Preferiría ir hoy a dormir sin miedo, no pensar en la muerte al escuchar cualquier ruido, cualquier ruido que rompe este inusual silencio. Y no sentirme tan pequeño ante las cosas que no comprendo, las que no controlo y definitivamente, no me gustaría estar incluido.
Preferiría no ver la bandera a media asta, y seguir festejando, levantarme temprano, cansado y sin ganas a trabajar, y hacer lo de siempre.
Sin embargo, este el tiempo en el que vivo. Después de dormir con miedo, despertar con esperanza y no sumarme a la psicosis colectiva que buscan estos actos.
Me sumo a la solidaridad, a la rabia, al dolor y a la intranquilidad que acoge a las familias directamente perjudicadas, esperando siempre, que la tranquilidad vuelva con nosotros.
Vamos a poder. Vamos a salir de esto.
Viva México.

