sábado, noviembre 27, 2004

Soy hombrierego y a mucha honra...

En el que no me da pena confesar que soy un zorrote.
El Bitch Power sigue latente en mi. Me lleno de dudas cada vez que me preguntan por mi último ex, no se a cuales contar y a cuales no. Hay algunos que tuvieron más repercusión que otros que militaban con el banderín de “el novio de…” . Pero una cosa me queda clara, que por más insignificante o determinante que haya sido alguna de mis relaciones, todos han ayudado, poco o mucho a ser la persona que ahora soy. A todos les digo gracias.
Gracias Tim, por ser el primero, por enseñarme a caminar en un mundo nuevo. Gracias por haber hecho que el adiós, siempre e independientemente de todo, sea un hasta luego. Siempre recordaré esas largas horas en la calzada, en el café y jugando al cuento de hadas. Mario, gracias por cerrar las páginas de ese mismo cuento, por devolverme a la realidad, por crear al Shubidubi Boy que hay en mí. Gracias Jorge por enseñarme el gran peso que tiene la palabra no. Gracias salvador por enseñarme a perderle el respeto a la distancia, por hacer que a tu lado, me convirtiera yo mismo en mi persona favorita. Gracias Víctor por demostrarme hasta donde pueden llegar los celos, por instruirme que tan pequeña puede ser la cabeza de alguien, por estar mi lado en el momento menos indicado. Gracias Joel por ayudarme a darme cuenta lo importante que es la determinación y la seguridad en una persona. Gracias Chava por darme la mayor de las lecciones, aunque de la manera menos adecuada, respetarme a mi mismo y buscar ese lugar que ocupo dentro de la vida misma. Fue por ti que tuve que tocar el fondo para valorar lo que es estar en la superficie, y de esa misma profundidad, tome impulso para llegar hasta arriba. Nunca antes había visto la cara amarga de la vida, ni lo que significaba una soledad acompañada. José María, a ti de debo el poner en práctica lo aprendido meses antes, y saber cuando moverme de un lugar para no hacer más daño. Keith, Marco... y el chavo del metro que no recuerdo su nombre… gracias por los recuerdo que tengo de tres lugares, por saber lo que es un amor de verano. Noel, gracias por haber estado aquí. Mathias, gracias por enseñarme a amar, sin ningún límite más que el que recorremos cada día, por poder sentir que es caminar de la mano de alguien por la calle, por sentir que no existía el mundo cuando estábamos cerca. Niko, gracias por ofrecerme las llaves de otro mundo, muy distinto al que vivo ahora. Marc, gracias por dejarme haber sido tu rayito de sombra, tu novio de buena familia con fobias y filias, por darle nuevos significados a las canciones, por saber a que sabe el pan con crema y las despedidas en los balcones. Gracias Manuel por valorar mis propios monstruos y demonios, y por enseñarme a no dejar pasar ni uno solo que no corresponda a mí. Gracias Fausto por convertir una taza de café y millones de palabras en la mejor manera de pasar una tarde. Gracias Nacho, por hacer que aprendiera a domar mis berrinches y caprichos. Gracias Javier por demostrarme que el valor de una persona va más allá de una sonrisa y una cara bonita. Gracias Edgar por ayudar a que cada día me alegre de ser aventado. Gracias César por enseñarme a reparar un corazón roto en soledad, por demostrarme que a veces un costal de ilusiones, planes, palabras y besos no valen nada frente a la oportunidad de estar con alguien más. Gracias Ricardo por hacer que valorara a los que están cerca, por abrirme camino en un mundo tan superficial y tan al pendiente del físico. Por que un tarde o temprano se convierte en nunca. Gracias Juan Manuel y gracias Beto, por que con ustedes aprendí que las personas pueden estar caminando por el mismo lugar en caminos separados. A no esperar nada aunque pareciera que lo pudiera tener todo. Gracias Vinicio por hacer que me volviera a sentir adolescente, por que después de un rato de tener mi puerta cerrada la volvía abrir sin miedo. Gracias. Gracias Edgar por introducir un nuevo elemento de miedo en mi vida: el ex novio. Gracias Adrián, por que cada vez que te veo, pienso en los otros y doy gracias por todos estos cambios, buenos o malos. Cada vez que estoy contigo, agradezco el poder gritar quien soy, lo que soy, y lo que seré.
Y gracias a ti… porque si no estuvieras, lo aprendido no tuviera sentido. Gracias aunque aún no pueda escribir tu nombre. Gracias por estar, pero sobre todo gracias por ser.

lunes, noviembre 22, 2004

Ruidos.

En el que me pongo nostálgico.
La navidad llegó sin previo aviso. Aún no me recuperaba del susto que representó el Día de Muertos cuando regreso a casa y la veo convertida en un bazar navideño. Como ya lo he comentado, mi casa es como la cabaña de Santa Claus, esforzándose por pasar por una casa de cristianos. Mi casa ahora esta llenas de luces, de muñecos de nieve, de caramelos y demás arquetipos de una película hollywoodense navideña familiar, de esas de la familia disfuncional en la que el 24 de diciembre todos aprenden lo que es una familia y vivir en paz y armonía. Así esta mi casa, sólo que no hay ni nieve ni villancicos. Hay un gran silencio.
Con el abuelo de vacaciones, falta en algunas horas de ruido de radio, de tele. Faltan sus boleros en la tarde, y sus programas de Telemundo a medio día. El abuelo regresará. Igual y este fin de semana, pero al igual que todos, algún día se irá y extrañaremos sus ruidos. Como el ruido de los zapatos de mi papa cuando regresaba del trabajo ya noche. Como el ruido de la música de mi hermano cuando subía el volumen y azotaba la puerta de su cuarto. Como el ruido de mis hermanas, la regadera y la cocina en los días que entraban temprano a la prepa. Y algún día me tocara extrañar los ruidos de mamá. El piano por las tardes. Los gritos para llamarnos a comer, para avisar una llamada telefónica, para prender la bomba, el boiler, la puerta, el volumen de la tele, poco a poquito van desapareciendo. De vez en cuando el silencio de la casa se rompe con los gritos de mi sobrino, corriendo, persiguiendo a algún bicho imaginario. Y mis ruidos… escribiendo en la computadora, el rechinido de mis zapatos en la duela. Y mi llanto, mi llanto de niño; en el patio por que mi hermano me molestaba, en mi cuarto porque mi mamá me regañaba, en la cocina porque no quería la sopa. Ese es un ruido que no se escucha más en mi casa, será porque ahora suelo llorar callado, sin pujidos ni lamentos. Será por que el ruido de las teclas del tablero de la PC opaca cualquier ruido que pueda emitir, como ahora lo hace. Será porque el abuelo no está en casa y mamá está dormida que nadie que escuche. De nuevo llega el silencio, entre canción y canción. El silencio que asusta. He llegado al punto donde no soporto el silencio, o no soporto los ruidos que son imperceptibles cuando está presente.

miércoles, noviembre 17, 2004

Puterias contra Putadas.

En el que el señor Mares borra mis fotos de la web.
Recién terminada la Feria del Libro, mi vida vuelve a la normalidad, más no a la monotonía tan anhelada a veces y tan odiada otras. Mi plan inmediato, después de cenar una hamburguesa es dormir. Tal vez despertaré, pero volveré a cerrar los ojos. Atrás quedaron los años cuando despertaba sin una gota de sueño. Le echaría la culpa a la edad, al alcohol, a la intranquila conciencia o al deseo de ir temprano por lo tacos de barbacha tan buenos para la cruda. Pero no estoy con ganas de repartir culpas. Ya he recibido y cargado con muchas, ni hechas ni merecidas y me putearía unirme a la lista de los seleccionados para prorratear errores.
Después de estos tres días, de escuchar a gente de inteligencia verdadera, he llegado a varias conclusiones, una de ella es que la pirujería es un acto respetable. Pido disculpas sinceras si alguna vez juzgué a alguien por su nivel de zorrés. Lo mio es la zorreada, poco me importa que lo vinculen con mi baja autoestima, con mi falta de influencia paterna, de atención, de cariño, con mi sexo adicción, mi chacalismo, mi complejo de Edipo, y todo lo que puedan agregar sus mentes macabras. Yo no vinculo nada de eso con demostrarle a alguien con unos cuantos besitos que te gusta. Si me piden una prueba de afecto, la baja autoestima es de ellos. A partir de hoy, encabezo el Bitch Power. Algún 29 de abril, en algún lugar se celebrará el Bitch Pride Parade.
Hay dos vertientes de la Putería. Una, la que zorrea a diestra y siniestra, y otra, la que solo se dedica a putearles la vida a los demás, en especial a los que se identifican con la primera vertiente. Hace unos días me encuentro con la novedad de que mis fotos de mi viaje de prácticas que subí a un grupo de Internet con la única e inocente intención de que mis amigos las vieran fueron borradas. Me asusté. Pensé que me había vuelto loco y había creído que me fui de viaje, que conocí a Ciro, que tomé fotos, las revelé, las pagué, las subí… ¿dónde están ahora?, ¿dónde queda todo lo que se borra de la red?, ¿habrá un mundo paralelo al nuestro, dónde habitan las fotos, los mails, los archivos y todo lo que desaparece del ciberespacio? Me iré de aquí con la duda. Pero tranquilo de saber que el caso de las fotos perdidas, no fue una alucinación… Víctor-hija-desheredada-Hart, me dejó, al volver a borrar las fotos (porque las volví a subir) un mensaje, donde explicaba que las fotos que subiéramos debían de ser de nuestra vida privada, no de nuestra vida personal. Aclararé una cosa, la página es suya, él es el administrador, y él la controla. A su criterio está que fotos se publican y cuales no, quién entra y quién sale. Asumo mi culpa de no saber diferenciar mi vida privada de mi vida personal. Siempre creí que eran lo mismo. También creí que María Paula, María Fernanda y María Guadalupe eran Lucerito, que la luna era de queso, que el ratón era quién se llevaba los dientes de leche y que un grupo, era un conjunto de personas unidas por un fin común. Y como mi putería se basa en la pasión por chingar en una cama, y no en un una página de Internet, me metí en mi álbum de fotos personal, de mis fotos de mi vida privada, y de los recuerdos que comparto y puse las tres mejores fotos. Aunque… mi vida no es personal, no es privada, no es particular, porque involucro a decenas de persona día con día, y mi vida también es de ellos. De los que están y de los que no. De los que me aman y de los que me odian, que espero halla muy pocos. Mi vida personal, es personal por la gran cantidad de personan que participan en ella. Mi vida privada y mi intimidad son subjetivas, porque aún solo, en mi sillón, en mi cama o en mi coche, hay un recuerdo, una esencia, una memoria, una presencia de alguno de ustedes. Por tanto, mis recuerdos, también son generales. Pero, de que se me hizo una mamada, una grosería, una pendejada, una niñería, se me hizo. Que me encabroné, me encabroné. No hay algo que más me moleste que la estupidez humana, la limitación de criterio, la idiotez. Al ver borradas mis fotos y saber el porqué, pude haber pensado que había a quienes no les interesaban mis recuerdos. Seré sincero. Sólo pude decir dos palabras: Fuck you.

domingo, noviembre 07, 2004

Y con noviembre llega el frio...

En el que no digo nada.

Ya pasó el día de muertos. Desde hace unos días me di cuenta que se acercaba el final del año... es la temporada en la que tengo que cerrar la ventana de mi cuarto, porque solo y por las noches, el frío es insoportable.
Son días llenos de tardes cargadas de buenas intenciones de leer un buen libro. No lo logro. Cada vez que tomo el libro de García Marques (Noticia de un secuestro, llevo años leyéndolo y por alguna razón nunca logro terminarlo), me siento en el sillón de mi cuarto; en invierno a mi cuarto no le da el sol, sólo en verano cuando es prácticamente innecesario, talvez está planeado para sentarme en el sillón en invierno. En Morelia el sol no calienta, pica. Un sol en invierno que no caliente sino pique es muy incómodo para sentarse a leer... o intentar leer, por que al parecer el frío provoca silencio, y más en fines de semana como este la casa está increíblemente callada (los boleros en el jardín del abuelo fueron suspendidos por que se fue de vacaciones con mamá), hace mucho frío y poco viento... ¿quién va a querer leer con tantos recuerdos que hay dentro? En las puertas del invierno, me encuentro en el pasillo de un laberinto lleno opciones. Desde una puerta puedo divisar al final del pasillo al mítico minotauro, listo para perseguirme y matarme si lo veo a los ojos. No es la mejor opción, pero es la única segura. Un Oscar adolescente hubiera aceptado el reto. El de hoy no, pero se le pararía muy de cerca, tan cerca como para poder lastimarlo, pero no herirlo de muerte. Siempre he estado orgulloso de eso, saber que me pueden herir y aceptarlo, pero siempre caminando de pie hacia la segunda puerta. Esta vez, ya alejándome del depredador, solo, siento como si el golpe hubiera sido directo al corazón. Y no sólo uno, si no varios de diferentes puños. Pero son hematomas que con el tiempo desaparecen. Pienso en esto y el sol deja de alumbrar el cuarto de mis hermanas cuya ventana queda frente a la mía, y por lo tanto le da el sol en invierno y toca el puente que conecta a mi cuarto con el resto de la casa. Pienso a futuro, me quedan dos meses para terminar un año. Poco más de un semestre para terminar la carrera. El telón de este western musical, esta a punto de caer. Y como en buen musical, aunque esta no sea la parte más intensa, es aquí cuando debo cantar la canción más sublime, una canción donde explique al público como seré al final, todo lo que arriesgaré y lo que dejaré atrás. Lo que defenderé y lo que, aunque duela le abriré la puerta. De nuevo, camino lento como Nicole Kidman en Moulin Rouge, mientras canto The Show Must Go On... pero mis pasos son decididos como los de Clint Eastwood en Harry el Sucio. No, esta vez no voltearé atrás ni para dar un tiro de gracia. Y después de unas horas, el sol se oculta, aún en el sillón, despierto de mi siesta. Ya llegó el frío. No me asusta el frío cuando al final de un pasillo veo que hay sol. Un sol que calienta y no que incomoda.

lunes, noviembre 01, 2004

Día de todos mis muertos.

En el que recuerdo a Noel.
Mañana es día de muertos. Mi mamá me hace sentir como en "El Extraño Mundo de Jack" en mi casa, en etsas fechas, aparte de ponerle un pequeño altar a mis abuelos, llena la sala y el comedor de calabazas, brujas, telarañas... en septiembre pone unas banderas en el comedor, y en navidad esto parece un almacén de productos navideños, hay de todo y por todos lados, lo único que falta es cambiar el timbre y en vez de un Ding Dong, se escuche un Jojojo!... auqnue con el Santa Claus de metro y medio que canta y baila que acaba de comprar, creo que el timbre ya sería exagerado. Hoy la casa huele a Cempasuchil, estoy dudoso si ir a mi cuarto por la foto de Noel y ponerla cerca de la de mis abuelos. Por la distancia, hoy no puedo ir a llevarle flores, y por la diferencia cultural, me vería raro montando un altar con comida, velas, y calaveritas de azúcar en pleno paris... aunque en la plaza de La Bastilla ya no esta la guillotina, no hubiera sido muy comodo ser acusado de herejia... ay Noel... aveces digo estupideces y me pongo a pensar si me estarás escuchando... seguro te arrancaría una carcajada como las que acostumbrabas... cerrando los ojitos y alzando la cara, abriendo la boca para dejar salir la risa sin importarte que te arrugaras de la cara. Creo que llegó el momento de hablar de ti.
16 de noviembre del 2001. Hay veces que el teléfono suena con tu nombre, esa vez dijo el mio, no había nadie en casa, de igual manera yo hubiera contestado. Era mi amigo Emilio, no lo reconocí a la primera, pero el no tardó en identificarse, me dijo que tenía que hablarme de Noel...
Era febrero y apenas tenía unas horas en Paris. Hacía frio, y estaba solo, caminaba y caminaba buscando algo que no sabía que existía. Llevaba poco dinero, pero un diccionario me era más útil. Con la única intención de comunicarme a casa, me acerque a un parabus, había alguién ahi sentado, poco a poco me acercaba, lo veía de espaldas, mientras más cerca estaba, más especulaba en como sería el sujeto ahí sentado. Debí haber pensado que sería muy guapo el rubio al que no le veía la cara, con zapatos café, jeans verdes y un abrigo negro, a su lado una mochila negra, muy parecida a la que yo llevaba a la prepa. Con mi peor francés me puse lo más cerca que se permitía... allo... y volteó... era un rubio, de piel rosita y grandes ojos azules, aunque al parecer, medio mundo piensa que estas carácteristcas son suficientes para hacer bella a una persona, cosa que no es cierta, él no era bello por sus ojos azules, sino por toda la chispa que reflejaba. Me miró con una sonrisa algo pícara, le debi haber causado gracia que fuera con diccionario en mano... salut... -mmmmm.. je... je... cherche a... a... parle vouz espagnol?.. -no... francais!... - con el peor frances que pude trate depreguntarle por un cibercafe....y lo hice así: con un dedo señalando mi ojo "busco", con el dedo indice "un", simulando escribir en el teclado de la pc, "ciber", y haciendo con mimica como si tomara cafe "cafe".. se sonrió... creo que su explicación fue buena, extensa, y precisa, y en un francés que estubo a punto de provocarme saltarle encima... no entendi nada, por más que el también uso sus manos. Le pedí otra oportunidad para entenderlo y repeti las señales que me dió mientras el afirmaba, pero venía un bus, lo miro y me miro, dijo algo que no entendí, y se alejo... con una mirada me dijo, lo siento, te quiero ayudar pero aqui viene mi bus, y yo con otra le respondi, no importa, estas tan guapo que te perdono todo... guapo guapisimo... creo que eso ultimo lo pense en voz alta, porque mientras subia al bus dijo: merci. De haber sabido que nos comunicariamos más con las miradas que con la mímica, solo me hubiera dedicado a mirarlo. Me aleje en la presunta dirección que el me indicó, con una satisfacción solamente visual, y preguntandome si volvería a ver a ese angelito aún sin nombre.
Yo no pierdo el tiempo, y aún en un país de lengua extranjera, me supe enterar donde quedaba la zona gay, los bares, los antros, y como llegar. Me tomaba mi cerveza gratis con la entrada en un antro llamado Le Depot... cuando veo llegar a una pareja, hombre-mujer, me di de topes al ver a un hombre tan guapo en un bar gay y con una novia.. pero lo miré y si, era el, el chavo del parabus, que suerte verlo, y mala pata que sea buga. Subio al guadaropa, bajo con la morra en cuestion, bailaron un rato, yo por más que trataba de no hacerlo, no podía dejar de mirarlo, la tipa se dió cuenta, algo le debió haber dicho, pero al parecer no le molestaba. Minutos más tarde afuera del baño de hombres lo veo, solo, ya estaba un poco entonado, me le acerqué, sólo para molestar, sabía que no me iba a entender nada. Antes de pronunciar palabra, me dijo algo, que me sono como a que si habia encontrado el ciber, yo en mi mejor español mezclado con mímica le respondi que no entendia ni madres, el se reía... le pregunte.. lo básico fue divertido jugando caras y gestos, pero llegó un momento en que no hallabamos el gesto o la seña para darnos a entender y dijo... tu es mexican? oui tu parles espagnol? oui.. ah entonces creo que será mejor si y te hablo en español... ambos soltamos de nuevo la carcajada, se la menté por hacerme sufrir con mi frances y mi mímica. Se llama Noel Dufour, tiene 19 años, y es un estudiante parisino.
Poco a poco nos conocimos, platicamos, salimos y nos vimos cada día que estube en Paris. La niña resultó ser su amiga, y la llevó a conocer el lugar. Platique con ella un par de veces, ella si no sabía nada de español, y era sumamente divertido criticarla en sucara. Me tenía celos, y esos celos me hacían sentir importante. No con cualquiera se sienten. Noel estubo conmigo cada que buscaba trabajo, cuando me corrieron de un albergue, y también para encontrarlo. Me enseño a saltarme el metro y a donde debía ir a comprar las cosas más baratas, los souvenirs, la comida... y mejor ni hablar del metro, los vestidores, los baños, las galerías y una que otra tienda que nos vierón en condiciones no muy cristianas. Paso el tiempo. Fueron muchas veces que nos sentabamos a reirnos en el puente Amie en el Sena. O en las orillas del mismo rio, sentarnos a platicar era el mejor plan para pasar una tarde. La ventaja del primer mundo para mi era que podía sentarme con la cabeza de mi novio en las piernas sin que me dijeran algo, o besarlo o abrazarlo para cruzar la calle.
Un día le pregunte a Noel que que pasaría si yo viviera con el, le pregunte que sentía por mi.. y me respondió... nunca me había sentido tan halagado. La respuesta la tengo en mi cabeza y ahpi estará sin externarla.
Llegó el momento de irme, ambos en el metro no hablabamos mucho, porque sabiamos que abrir la boca sería empezar a despedirse. Se hacia cada vez más tarde y el metro seguía en la msma estación. Nos cambiamos de línea (lo que hubiera pasado si hubiera seguido en esa misma nunca lo sabre) y llegamos a las 20.26... mi tren salía a las 20.28. Me había negado a recibir su ayuda para cargar mis maletas, pero al darnos cuenta que no podía correr así y sabiendo que su ayuda evitaria que perdiera el tren y así quedarme un día más a su lado, tomo mi mochila y corrimos. Llegamos al tren cuando este ya estaba avanzado, la azafata de procedencia española, me gritaba (augureándome como sería mi próxima parada) me apuraba y me decia que ya era tarde. Pense en subirme y dejar mis maletas, saltar al andén y depesdirme con un beso y un abrazo de "mi novio el de Paris" como lo llamaba cuando escribía con mis amigos en México. Me subi, votié a tomar la mochila que el llevaba y de nuevo voltié a dejarla, mientras la azafata me preguntaba.. --¿el viene?, --no... respondo... Escuche un ruido... como el de una puerta cerrandose... volteo para ver a la azafata irse corriendo, gritando es tarde es tarde... no pude abrir la puerta, ni asomarme por una ventana... no pude despedirme, ni decirle todo lo que tenpia planeado. No supe que cara tenpia al momento que me fui, ni si tenía algo más que decirme.
Mi amigo Sergio entro corriendo a mi cuarto, me dijo "wey apúrate, nos deja el avión" no me acordaba, ese día regresaba a Paris a ver a Noel, agarre mi maleta, y corri a la puerta de mi casa, en las escaleras se abrió y de ella, salió tierra... tierra de panteón, me arrodille a rejuntarla pero la tierra salia y salia... no podía, Sergio me seguía gritando, pero yo no podía juntarla... fue un sueño. Desperte con una extraña sensación. Al día siguiente llamó Emilio.
Colgue el teléfono tratando de acomodar la noticia en mi mente... mientras había una imagen que no me quitaba de la cabeza, la primera vez que lo vi en el parabus, ese momento cuando volteó a ver al turista que no hablaba su idioma. Me recoste y me quede dormido.
Al siguiente dpia el sol brillaba, en mi casa todo un caos, muchas prisas, y en la escuela era el cumple de mi amiga Mariana, ese día no hubo lugar para una muerte. El día era tan normal, que por mucho tiempo pense que había soñado todo. Y luego sentía que no tenía derecho de lloara o de sentirme mal. No lo hablé con nadie.
Perdóname Noel si no pude derramar una lágrima. Por no haberte dicho adiós. Por no guardarte luto o por seguir mi vida como si no hubiera pasado nada. Muchas veces pensé en como sería el día en que volviera a verte. Ese día quedó en plan. Y quizá la ausencia de lágrimas y de dolor, se debió a que a los dos nos gustan los finales felices.