En el que Yolanda y Karina se ponen al limite de la congestión alcoholica.
Viaje de Pácticas destino Pachuca.
Séis días de trabajo, caminata, cambios de humor, cambios de clima, falta de privacidad, fiesta, cigarros y muchos pastes.
El primer día se comienza con un poco de desorganización. La palabra del día fue Intinerario. Y su aplicacipon fue las distintas formas que hay para cambiarlo. Salimos con una hora de retraso. El primer punto a conocer fue Tehotihuacán. El primer error fue ir preparado exclusivamente para el frio. Consecuencia: me requeme y casi me insole. Tehotihuacán es hermoso, pero el agua te la venden como si fuera bendita de la Basílica de San Pedro. La pirámide del sol es más alta que en fotos y subirla no es para fumadores, lo cual explica tanto desmadre en las escaleras. Sin embargo ya estando en la cima, eso que platican de las energías, compruebas que es cierto. Despues de unas enchiladas de mole, una quesadilla, un tequila, un pulque y tres litros de agua nos retiramos a Pachuca. Los trayectos en bus, eran divertidos por las cánticos y puntadas en los que participábamos el grupo. "Camiseta de color de ros", "Patricia Hermana" y otros hits se entonaron en un bus que era incómodo por falta de espacio y exseso de equipaje y energía. Casualemte las apestadas del grupos, se fueron unos asientos más adelante.
Ya en Pachuca, nos lanzamos a buscar el primer antro, disco, bar, cenador, cantina, burdel o congal y pasar una velada llena de varios honónimos del estado. Terminamos algunos en un bar sin mucho que ver, pero con mucha cerveza que ofrecer. Sólo fue una jarra. Claeo, Irad pidió una limonada
Ya en el día tres, nos esperaba caminar más tiempo bajo el sol, ya con el peso de la desvelada encima. La palabra del día fue Paste. Nos llamó la atención el platillo tipico, una empanada rellena, que se vendía practicamente en cualquier esquina. Los pastes se convirtieron en el pan de cada día, no sólo nos era fácil encontrarlos y comprarlos, sino que por su misma accesibilidad, se prestaban para bromas y de recordatorio del suelo que pisábamos. Si estabamos crudos, buscabamos pastes de menudo o de birria, pastes de chocolate para el frio, pastes de tamal para el desayuno, y claro, pastes de caviar para sentirnos elegantes.
Los siguientes días nos dedicamos a recorrer el estado. Mineral el Chico, La es Hacienda de San Antonio Regla, Mineral del Monte, Tolantongo, Tula... y claro Pachuca, fueron algunos de los puntos que visitamos.
Séis días de trabajo, caminata, cambios de humor, cambios de clima, falta de privacidad, fiesta, cigarros y muchos pastes.
El primer día se comienza con un poco de desorganización. La palabra del día fue Intinerario. Y su aplicacipon fue las distintas formas que hay para cambiarlo. Salimos con una hora de retraso. El primer punto a conocer fue Tehotihuacán. El primer error fue ir preparado exclusivamente para el frio. Consecuencia: me requeme y casi me insole. Tehotihuacán es hermoso, pero el agua te la venden como si fuera bendita de la Basílica de San Pedro. La pirámide del sol es más alta que en fotos y subirla no es para fumadores, lo cual explica tanto desmadre en las escaleras. Sin embargo ya estando en la cima, eso que platican de las energías, compruebas que es cierto. Despues de unas enchiladas de mole, una quesadilla, un tequila, un pulque y tres litros de agua nos retiramos a Pachuca. Los trayectos en bus, eran divertidos por las cánticos y puntadas en los que participábamos el grupo. "Camiseta de color de ros", "Patricia Hermana" y otros hits se entonaron en un bus que era incómodo por falta de espacio y exseso de equipaje y energía. Casualemte las apestadas del grupos, se fueron unos asientos más adelante.
Ya en Pachuca, nos lanzamos a buscar el primer antro, disco, bar, cenador, cantina, burdel o congal y pasar una velada llena de varios honónimos del estado. Terminamos algunos en un bar sin mucho que ver, pero con mucha cerveza que ofrecer. Sólo fue una jarra. Claeo, Irad pidió una limonada
Ya en el día tres, nos esperaba caminar más tiempo bajo el sol, ya con el peso de la desvelada encima. La palabra del día fue Paste. Nos llamó la atención el platillo tipico, una empanada rellena, que se vendía practicamente en cualquier esquina. Los pastes se convirtieron en el pan de cada día, no sólo nos era fácil encontrarlos y comprarlos, sino que por su misma accesibilidad, se prestaban para bromas y de recordatorio del suelo que pisábamos. Si estabamos crudos, buscabamos pastes de menudo o de birria, pastes de chocolate para el frio, pastes de tamal para el desayuno, y claro, pastes de caviar para sentirnos elegantes.
Los siguientes días nos dedicamos a recorrer el estado. Mineral el Chico, La es Hacienda de San Antonio Regla, Mineral del Monte, Tolantongo, Tula... y claro Pachuca, fueron algunos de los puntos que visitamos.
En los siguientes días y por parte de varios compañeros cuyos nombres no voy a mencionar porque si de por sí Irad estaba de genio, si lee esto algún día... Ya no hubo palabras del día, eran más bien frases: "estoy hasta la madre", "pinche Pepe (el profe de tele)","tengo_____ (hambre, sed, frio, weba, dolor de cabeza, muela, pierna, un paste en mi mochila... ¿alguien lo quiere?)... hubo momentos en los que no tenía la más mínima intención de hablar con alguién porque sabía que hacerlo sería escuchar quejidos y molestias, el horno no estaba para bollos en ese momento. Las Grutas de Tolantongo fue un aliviane, fue más fácil llegar ahí que aprenderse el nombre. No importa que llevaramos las mochilas llenas de chamarras y que el lugar era bastante cálido, ni que las grutas estubieran cerradas, ni que la Reyna y Karina dieran el borrashow, ni que la noche se fuera en peleas, preocupaciones y reconciliaciones entre todos los cuates. Unos minutos en el rio me bastaron para relajarme y olvidarme por un momento de las malas ondas que deje en Morelia en un Stand By. Dicen los griegos que es imposible que un hombre regrese al mismo rio, porque la segunda vez, ni el rio ni el hombre son los mismos. No era la primera vez que el agua cura un corazón roto.
Ya en la carretera de regreso a Morelia, miro en retrospectiva y hago un recuento, de las piedras de la pirámide del sol en Teotihuacán, a la cantera blanca del reloj monumental de Pachuca, recorrer la ciudad a pie para solo tomar una cerveza o una comida corrida, tener una TV en la habitación que no podiamos ver por conectar los celulares y las cámaras, caminar bajo el sol, y estar muy cerca en el frio, correr para alcanzar el camión. Ninguno de nosotros olvidara el bus, el hotel, los pastes, la gente adredosa... yo por mi parte no olvidare al dueño de los ojos más expresivos de Pachuca.

